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jueves, 14 de mayo de 2015

El Mito de Frigg

Balder era el hijo de Odin, el dios de dioses, y era el más querido y el más hermoso de todas las deidades nórdicas.
Un día, Balder empezó a tener sueños de su propia muerte, por lo que todos los dioses decidieron protegerlo. Su madre Frigg hizo que todas las cosas, las enfermedades, los venenos, los árboles, los animales, que nunca ivan a herir a Balder y todos aceptaron el juramento.
Como se volvió invulnerable, los dioses inventaron un juego donde le tiraban toda clase de cosas, sin que él saliera herido, por que todos cumplían su promesa y no se atrevían a hacerle daño. Loki, el dios travieso, estab inconforme con el juego y celoso de Balder.
Por eso se disfrazó de anciana y fue a conversar con Frigg. Ella sin saber que la anciana era Loki, le contó la historia de cómo había hecho que todas las cosas y las criaturas juraran no dañar a Balder, pero que el muérdago, una planta que crecía al este del Valhalla, era tan insignificante y tan joven que ni siquiera le había pedido el juramento.
Loki se fue para el juego de los dioses, pero antes construyó una flecha con la planta que le había dicho Frigg, y cuando llegó se encontró con un dios ciego que no le tiraba nada a Balder, por que no veía ni tenía arma que lanzarle.
Loki entonces le dijo a este dios, que el le daba su arma y le indicaba donde se ubicaba Balder, y así era como si los dos lo honrraran. El dios ciego lanzó la terrible flecha, que hirió de muerte a Balder.
La angustia de los dioses fue mucha, pero en especial la de su esposa que murió de tristeza y la de su madre que fue a rogarle a la diosa Hel que lo dejara salir del reino de los muertos. Hel le dijo que si todas las criaturas y las cosas lloraban a Balder, ella le permetiría regresar.
Frigg, movida por su amor de madre, se vio otra vez caminando el mundo entero, haciendo que todo se lamentara de la muerte de Balder, pero llegó y se ncontró con la misma vieja, es decir Loki, quien dijo que Balder no había hecho nada por ella, por lo lo que no se sentía obligada a llorarlo.
De esta manera, Loki condenó a Balder a permanecer en el reino de los muertos.

Donogha y Vauria

Donogha y Vauria eran un matrimonio que vivía en el viejo reino de Kerry, las peleas y desacuerdos que mantuvieron durante todo su matrimonio venían dados por sus caracteres com­pletamente diferentes, mientras Donogha era un tremendo perezo­so, Vauria poseía un temperamento fogoso; de modo que si bien el alimento y el combustible eran a menudo escasos las palabras de re­proche eran frecuentes.
Un hermoso día de verano, Donogha estaba sentado junto al hogar, fumando despreocupadamente su pipa, cuando Vauria en­tró con la colada que había hecho en el río, y tuvieron una disputa por su holgazanería, puesto que en la casa no había leña para ca­lentar la cena. Donogha fue al bosque en busca de combustible, mientras rezongaba por las palabras de su mujer, fue recogiendo un haz de ramas, sobre las que se sentó después de amarrarlas para quejarse a su gusto de su mala suerte, de su pobreza y de su mujer gruñona.
Cuando estaba lamentándose, apareció como de la nada un duen­de que intentó animarle y para ello decidió concederle dos deseos, aconsejándole que antes meditara con calma y profundidad qué era lo que iba a pedir.
Donagha dio las gracias al duende y tras cargar la leña sobre sus espaldas, se encaminó trabajosamente a su casa, pero el peso y el ol­vido de las recomendaciones del duende le hicieron exclamar: «¡Oh, si este maldito haz de leña me transportara a mí en vez de transpor­tarlo yo a él!» Instantáneamente, se vio a horcajadas sobre la leña, que usaba los extremos de sus ramas como pies, con lo que al poco rato llegó ruidosamente a la puerta de su casa.
El perezoso Donogha le contó a su esposa su buena suerte, diciéndole que le quedaba un deseo aún. Sin embargo, esta comen­zó a llamarle bobo, y a insultarlo por haber desechado su buena suerte de manera tan simple. Irritándolo de tal manera que Do­nogha perdió la paciencia y exclamó: «¡Ojalá nos separara toda la extensión de Irlanda!». Según lo dijo, su esposa y su cabaña apare­cieron en un lugar llamado Teagh an Vauria en el extremo mismo de Kerry, y él, en el sitio llamado desde entonces Donaghadee o Teagh an Donogha.
Nunca volvieron a verse o a saber el uno del otro.

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